Volvés en sueños como
el mar, indiferente
y pertinaz. Seis lustros
me separan del tiempo
en el que nos amáramos
pero la noche sigue
presentándote joven,
cruenta diosa salvaje
que me mira y que calla
y que me enterrará.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...