Odiabas y sufrías
a la vez e ignorabas
por qué. Los sucesivos
culpables que en tu psique
te figurabas eran
vos mismo de otro modo
y no había refugio,
murallón infranqueable.
Había que romper
con la hipnosis. El vientre
de esa flor reventó:
segando el carcajeo
de hienas del pasado,
te arrojaste a la luna
nueva de otra ilusión.

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