La balanza se inclina
hacia el platillo oscuro.
¡Que canten los gorriones!
¡Que broten los azahares!
Mi alma, resumidero
de la muerte, se atora.
Navega hacia la gruta
de la que no hay retorno.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...