Casi sin bibliotecas,
hago remedos torpes
de poemas valiosos
que nunca leeré.
Me llegan de los labios
de la gente del pueblo,
que recuerda a su turno
palabras de otra gente.
Voces que se repiten
y que están en el aire.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...