El chorro de palabras,
interminable, insípido,
que me lanzás, ahí,
de enfrente, me recorre
como el agua al aceite,
sin afectar mis ruinas,
que ignorarás. Abrite
al silencio: cerrá
tus compuertas histéricas
o la inundada calle
que sólo lleva barro
de una noche anterior.

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