de nadie, ni de mí
mismo, ni de la vida
en general. Mi rostro,
tegumento concluso,
así lo indica. Vengan
más golpes, que este cuerpo
sólo hallará resguardo
en la potente muerte.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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