eso no dice nada.
Tampoco dice mucho
que pasen las gaviotas.
Y tampoco que se hundan
en la niebla los autos.
En mí no hay poesía.
En mí no hay poesía.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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