Una mujer muy flaca
con la ropa muy sucia
va delante de mí.
Lleva en su mano izquierda
una bolsa de criollos.
Serán como tres kilos.
Así comienza el día:
pidiendo --porque pide--
por caridad el pan.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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