me asaltan de improviso
y para dominarlos
tengo que hacer esfuerzos
mentales que me ocupan
buena parte del día.
Animal proceloso,
escribo para nadie
cuando afuera la noche
hace que el frenesí
de la jornada cese,
ya calmo en mi interior.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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