La Belleza no existe.
Ni la Verdad. Ni el Bien.
El mundo se destruye
a sí mismo y no importa.
Miro mis flacas manos,
que siempre han sido inútiles.
Escribo porque escribo,
sin ulterioridades.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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