La soledad aguija
formas de lo gravoso,
laberinto extenuante
hasta la contusión.
No soy el Minotauro
y tampoco Teseo.
La historia se repite
con rasgos diferentes.
Porque si fuera idéntica,
con lances conducidos
por el Hado, la lucha
sería dulcedumbre.
Todo es azar, barullo
y el estertor final.

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