Dios está en todas partes,
o en ninguna, o en mí,
por más que de mí afirme
que soy ateo. Porque
sé que no existe, que es
un nombre que pronuncio
o al que se vuelve el rezo
de muchos todavía.
Cuando exclamo: "¡Dios mío!",
entonces, ¿a quién clamo?
A un callar y su sombra,
escucha verdadera.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario