Te pide para el fiambre,
y es que aún no ha comido.
La indiferencia, entonces,
hace que no lo escuches.
Y entonces te acordás
de algo del noticiero
y seguís caminando.
El pibe no existió.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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