Ahora, extemporáneo,
voy a prenderte fuego,
pabellón de los otros
que ni lloran ni ríen
sino que verifican
que esta historia es absurda
y que habrá que olvidarla:
Eróstrato y nepente.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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