Visito a Lope como quien visita
al padre cariñoso que no tuvo
y cuya tumba ahora, abandonada,
no tiene ni una flor que lo recuerde.
Lope es, en cambio, la lección sabrosa
que suavemente me amonesta, dúctil
en matices y firme en el aliento,
vario en la forma, nítido en la frase.
Una magnolia llevaré a sus libros
cada vez que de nuevo los revise;
enamorado de la vida, enseña
del ser poeta la felicidad.

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