Ahora que no hay nada
en el mundo mi nombre
es una calavera
ocre, ferruginosa
a quien ya nadie ataca
(los demás, aislados
en una dulcedumbre
que no se descompone,
crepitan) y mi cuerpo,
miríada contusa
de nada altiva. Como
estallaron las bombas,
esto es el Paraíso:
estación suspendida,
marismas de un final.

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