Ya no existe tu casa
ni la de muchos otros.
Tus plantas. Tu cocina.
La sala de los niños.
Pueden reconstruir
cada muro y vereda
pero tu alma quedó
quebrada para siempre.
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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