Las cosas, definidas
por el ojo y la luz,
aguardan, en la mesa,
a que las borre el tiempo.
No parecen alegres
ni tristes. En un cuadro
quedarían muy bien
aunque nadie lo mire.
(La pava, en especial,
y el mate, sometidos
a mi no ser, escuchan
lo que les leo, y callan.)
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