Esos yuyos crecidos
los conozco de siempre.
Y la pared llovida.
Y la ropa en el suelo.
Mi casa reproduce
un otoño distante.
(El libro se llamaba
El olvido no existe.)
El poder, que delira sin que nada lo estorbe, se impone sobre el orbe hasta que cae. Mira a un costado y al otro, intranquilo, y espant...
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