Ni una copa contrita
consigo saborear
sin volverme a ese altar
en el que la dendrita
de tu nombre capcioso
(alusión al resabio
de algún remoto escabio)
sigue llamando al mozo.
¿Dificulto el enigma?
¿Se alcanforan tus huesos
sin lugar para rezos?
Razón y paradigma
deleznables, te exijo
que hagás licor de mijo.

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