Ya no logro leer:
los libros se deslíen
en una marejada
de frases inconexas.
Las olas van y vienen
arrastrando celosas
lo que el ángel redujo
a volúmenes yertos.
Yertos ahora. Entonces,
cuando todo tenía
sentido, su disfrute
me era posible aún.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario